Es simple. La creación de un grupo musical como éste radica en juntar diferentes elementos en una gran cacerola: Creatividad, locura y ciertos dejos de una oscura mirada al mundo exterior sin separse del introspectivo sentimiento que los agobia de un instante a otro. Esta es una manera de definir en palabras coherentes lo que es Cazuela de Cóndor, agrupación musical porteña que ha ido poco a poco posesionándose de una personalidad única en sus presentaciones en vivo en el agitado ir y venir de las tocatas de nuestro puerto principal.
Cazuela de Cóndor aterriza sobre Valparaíso el año 2004. Quizá la casualidad o el destino en complicidad absoluta conspiraron para que Nicolás Gutiérrez (Teclado) y Ricardo Lira (Bajo) se encontraran ese verano en un viaje por Perú. Precisamente fue en el Mercado de Arequipa, en donde finalizaban una larga noche de juerga tomándose unos “tesitos” (en realidad, era té con malicia). Luego de beber aquellos brebajes, nuestros comensales se pusieron de píe para ir a dormir un rato en el hostal en donde se alojaban. Sin premeditarlo, pasaron por afuera de un local de comidas (dígase restorán). Al pasar, así como de reojo apareció una señora que al verlos quizá en aquel estado de intemperancia no encontró nada mejor que ofrecerles algo de comida para templar el cuerpo y a viva voz les dice: “¡¡Cazuela de Cóndor!! ¡¡Cazuela de Cóndor!!”. Estos tipos asombrados por el extraño ofrecimiento se volvieron para ver que tan cierta era aquella oferta, pero al voltear no había ninguna dama ni menos un anuncio tan extraño como el de aquel plato. ¿Profecía? ¿Casualidad? ¿O simplemente una especie de alucinación alcohólica de estos jóvenes? Eso no lo sabremos nunca. Sin embargo, es así como nace el nombre de la banda en cuestión. Creanlo o no… ¿ya?
Bueno, el asunto se empezó a poner serio lentamente, tan lento que aun no se pone del todo serio, pero a la cacerola se unen otros con la inocente idea de tocar un rato con los amigos. Es así como se acercan y se quedan Jorge Rubio al mando de la guitarra(que en paz descanse), Emilio Pizarro quien pasa a ser el amo y señor de los vientos y Diep Sarrúa quien casi por casualidad llego para quedarse a cargo de los tambores del grupo. Lo cómico de todo esto es que sin fe ni ganas de nada se da la instancia de tocar frente a un público diferente. Ya no era “la mamá de” ni los amigos los que iban a escuchar los primerizos, pero prometedores sones que brotaron de la mente insana de cada uno de sus integrantes. Resultado de todo esto: extrañamente a la gente le gusto el asunto y así poco a poco, una tocata tras otra, se corrió la voz de que existía una banda que tocaba algo así como Los Jaivas, Mr. Bungle o Fulano. En todo caso, y sin querer encasillarse en esto de los parecidos, ellos simplemente se autodefinen como “rock sicodélico-andino-progresivo-místico-pelacable”, dejándolo siempre bien claro en cada presentación en vivo, con sus extraños diálogos, juguetes y máscaras que los rodean como parte de aquel mundo al que pertenecen.
Ahora Cazuela de Cóndor esta buscando donde posarse y quedarse para observar que ocurre a su alrededor, para así dejarse caer sobre los que quieran saborear este plato calientito. Por lo mismo, lo que se viene por estos días para los muchachos de esta prometedora banda es juntar plata para poder grabar de una vez por todas un Lp en estudio, pero para eso es necesario terminar de vender su primer disco homónimo en el cual se presentan cinco temas cuyos nombres sacan más de una sonrisa o un gesto de desaprobación.
“El día que vomité el cerebro”, “Cuando lo cotidiano se vuelve siniestro” o “La chinita” son parte del repertorio que estos chiquillos presentan en este disco que esta a la venta vía mail a la siguiente dirección: cazueladecondor@gmail.com, en este lugar, querido lector, podrás mantenerte informado de todo lo que ocurre entorno a esta agrupación; también puedes escuchar algunos temas en formato mp3 en www.purevolume.com/cazueladecondor. Además, pronto podremos visitar su sitio Web http://www.cazueladecondor.cl/, en donde podrás ver una nutrida galería de fotos pelacables, textos desquiciados escritos por los mismos integrantes de la banda y muchas otras sorpresas más que de cierta manera están destinadas para que los que en algún momento se atrevan a comerse esta cazuela no sufran una indigestión, sino una hermosa visión a través de un viaje lleno de locura por una casa de la risa que no deja que salgas jamás.
Cazuela de Cóndor aterriza sobre Valparaíso el año 2004. Quizá la casualidad o el destino en complicidad absoluta conspiraron para que Nicolás Gutiérrez (Teclado) y Ricardo Lira (Bajo) se encontraran ese verano en un viaje por Perú. Precisamente fue en el Mercado de Arequipa, en donde finalizaban una larga noche de juerga tomándose unos “tesitos” (en realidad, era té con malicia). Luego de beber aquellos brebajes, nuestros comensales se pusieron de píe para ir a dormir un rato en el hostal en donde se alojaban. Sin premeditarlo, pasaron por afuera de un local de comidas (dígase restorán). Al pasar, así como de reojo apareció una señora que al verlos quizá en aquel estado de intemperancia no encontró nada mejor que ofrecerles algo de comida para templar el cuerpo y a viva voz les dice: “¡¡Cazuela de Cóndor!! ¡¡Cazuela de Cóndor!!”. Estos tipos asombrados por el extraño ofrecimiento se volvieron para ver que tan cierta era aquella oferta, pero al voltear no había ninguna dama ni menos un anuncio tan extraño como el de aquel plato. ¿Profecía? ¿Casualidad? ¿O simplemente una especie de alucinación alcohólica de estos jóvenes? Eso no lo sabremos nunca. Sin embargo, es así como nace el nombre de la banda en cuestión. Creanlo o no… ¿ya?
Bueno, el asunto se empezó a poner serio lentamente, tan lento que aun no se pone del todo serio, pero a la cacerola se unen otros con la inocente idea de tocar un rato con los amigos. Es así como se acercan y se quedan Jorge Rubio al mando de la guitarra(que en paz descanse), Emilio Pizarro quien pasa a ser el amo y señor de los vientos y Diep Sarrúa quien casi por casualidad llego para quedarse a cargo de los tambores del grupo. Lo cómico de todo esto es que sin fe ni ganas de nada se da la instancia de tocar frente a un público diferente. Ya no era “la mamá de” ni los amigos los que iban a escuchar los primerizos, pero prometedores sones que brotaron de la mente insana de cada uno de sus integrantes. Resultado de todo esto: extrañamente a la gente le gusto el asunto y así poco a poco, una tocata tras otra, se corrió la voz de que existía una banda que tocaba algo así como Los Jaivas, Mr. Bungle o Fulano. En todo caso, y sin querer encasillarse en esto de los parecidos, ellos simplemente se autodefinen como “rock sicodélico-andino-progresivo-místico-pelacable”, dejándolo siempre bien claro en cada presentación en vivo, con sus extraños diálogos, juguetes y máscaras que los rodean como parte de aquel mundo al que pertenecen.
Ahora Cazuela de Cóndor esta buscando donde posarse y quedarse para observar que ocurre a su alrededor, para así dejarse caer sobre los que quieran saborear este plato calientito. Por lo mismo, lo que se viene por estos días para los muchachos de esta prometedora banda es juntar plata para poder grabar de una vez por todas un Lp en estudio, pero para eso es necesario terminar de vender su primer disco homónimo en el cual se presentan cinco temas cuyos nombres sacan más de una sonrisa o un gesto de desaprobación.
“El día que vomité el cerebro”, “Cuando lo cotidiano se vuelve siniestro” o “La chinita” son parte del repertorio que estos chiquillos presentan en este disco que esta a la venta vía mail a la siguiente dirección: cazueladecondor@gmail.com, en este lugar, querido lector, podrás mantenerte informado de todo lo que ocurre entorno a esta agrupación; también puedes escuchar algunos temas en formato mp3 en www.purevolume.com/cazueladecondor. Además, pronto podremos visitar su sitio Web http://www.cazueladecondor.cl/, en donde podrás ver una nutrida galería de fotos pelacables, textos desquiciados escritos por los mismos integrantes de la banda y muchas otras sorpresas más que de cierta manera están destinadas para que los que en algún momento se atrevan a comerse esta cazuela no sufran una indigestión, sino una hermosa visión a través de un viaje lleno de locura por una casa de la risa que no deja que salgas jamás.
Marmaduque Díaz


1 comment:
Muy buena banda... pelacables como pocos (aun quedamos algunos creo)... Sigan dandole. Y apenas tenga plata me pongo en contacto pal discacho... (como quinta vez q me digo eso... vamos q ahora el disco puede mas que el carrete)
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