Wednesday, September 27, 2006

Cazuela en Buenos Aires: Domingos Dominicales

*Plaza Francia, Buenos Aires. Noviembre 2005
De izquierda a derecha: Nicolás, primo del Pelao Nuñez, Monicake y el Flaco Lira.

*Escrito en la madrugada de ese mismo día.
Me siento algo somnoliento. No cacho italiano, bueno algo, pero no asi como una gigantesca cantidad de palabras. En fin, me pongo incoherente cuando tengo sueño. Siempre me pasa, y es como chistoso y me gusta ese estado. De hecho, me doy cuenta de eso, pues me quedo dormido mientras hablo con alguien y respondo algo que no tiene nada que ver con lo que me preguntan. Me pueden estar hablando de pasteles y de pronto yo digo algo sobre un niño que sonrie. No lo sé, esto de no poder controlar la pelacableduria me produce ante la imagen que debo representar ante el mundo una distorsión casi equivalente a la discriminación por ser un loco. Bueno, igual se pasa bien siendo asi...Miren que en ciudades como esta en la que nadie te conoce la locura y el ridiculo van por cuenta de la casa. jajajaja de nuevo...ven que no aguanto...se me arranca la teja.Lo de la parranda ha sido claro, pero no es en exceso, de hecho ahora es tarde, pero no he bebido nada (bueno, unos vasitos de cerveza) pero estoy con sueño, pero el calor no me deja dormir...deben haber como unos 25º y el aire acondicionado no ayuda mucho. Bueno, hoy tocamos en la Plaza Francia, en el barrio Recoleta de Buenos Aires. Un lindo parque, linda gente, lindo ambiente. Nos fue la raja. Aplausos, discos vendidos, abrazos, felicitaciones. Luego, toco el otro grupo que nos invito a tocar y la cosa se transformó en una fiesta en la que habian niños, jovenes, adultos mayores, borrachos y volados unidos en el baile. Hasta yo me puse a bailar por ahi, pero me canse y pare. Ya... tengo demasiado sueño ... me la gano ...zzzzzzzzzz
Marmaduque Díaz
Sacado de "Buenos Aires Borracho 2" de www.jrubiobravo.blogspot.com

Wednesday, September 06, 2006

Algo de Histeria (o Historia...da lo mismo!)

*Foto sacada en Isla Negra, enero 2005.

Es simple. La creación de un grupo musical como éste radica en juntar diferentes elementos en una gran cacerola: Creatividad, locura y ciertos dejos de una oscura mirada al mundo exterior sin separse del introspectivo sentimiento que los agobia de un instante a otro. Esta es una manera de definir en palabras coherentes lo que es Cazuela de Cóndor, agrupación musical porteña que ha ido poco a poco posesionándose de una personalidad única en sus presentaciones en vivo en el agitado ir y venir de las tocatas de nuestro puerto principal.

Cazuela de Cóndor aterriza sobre Valparaíso el año 2004. Quizá la casualidad o el destino en complicidad absoluta conspiraron para que Nicolás Gutiérrez (Teclado) y Ricardo Lira (Bajo) se encontraran ese verano en un viaje por Perú. Precisamente fue en el Mercado de Arequipa, en donde finalizaban una larga noche de juerga tomándose unos “tesitos” (en realidad, era té con malicia). Luego de beber aquellos brebajes, nuestros comensales se pusieron de píe para ir a dormir un rato en el hostal en donde se alojaban. Sin premeditarlo, pasaron por afuera de un local de comidas (dígase restorán). Al pasar, así como de reojo apareció una señora que al verlos quizá en aquel estado de intemperancia no encontró nada mejor que ofrecerles algo de comida para templar el cuerpo y a viva voz les dice: “¡¡Cazuela de Cóndor!! ¡¡Cazuela de Cóndor!!”. Estos tipos asombrados por el extraño ofrecimiento se volvieron para ver que tan cierta era aquella oferta, pero al voltear no había ninguna dama ni menos un anuncio tan extraño como el de aquel plato. ¿Profecía? ¿Casualidad? ¿O simplemente una especie de alucinación alcohólica de estos jóvenes? Eso no lo sabremos nunca. Sin embargo, es así como nace el nombre de la banda en cuestión. Creanlo o no… ¿ya?

Bueno, el asunto se empezó a poner serio lentamente, tan lento que aun no se pone del todo serio, pero a la cacerola se unen otros con la inocente idea de tocar un rato con los amigos. Es así como se acercan y se quedan Jorge Rubio al mando de la guitarra(que en paz descanse), Emilio Pizarro quien pasa a ser el amo y señor de los vientos y Diep Sarrúa quien casi por casualidad llego para quedarse a cargo de los tambores del grupo. Lo cómico de todo esto es que sin fe ni ganas de nada se da la instancia de tocar frente a un público diferente. Ya no era “la mamá de” ni los amigos los que iban a escuchar los primerizos, pero prometedores sones que brotaron de la mente insana de cada uno de sus integrantes. Resultado de todo esto: extrañamente a la gente le gusto el asunto y así poco a poco, una tocata tras otra, se corrió la voz de que existía una banda que tocaba algo así como Los Jaivas, Mr. Bungle o Fulano. En todo caso, y sin querer encasillarse en esto de los parecidos, ellos simplemente se autodefinen como “rock sicodélico-andino-progresivo-místico-pelacable”, dejándolo siempre bien claro en cada presentación en vivo, con sus extraños diálogos, juguetes y máscaras que los rodean como parte de aquel mundo al que pertenecen.


Ahora Cazuela de Cóndor esta buscando donde posarse y quedarse para observar que ocurre a su alrededor, para así dejarse caer sobre los que quieran saborear este plato calientito. Por lo mismo, lo que se viene por estos días para los muchachos de esta prometedora banda es juntar plata para poder grabar de una vez por todas un Lp en estudio, pero para eso es necesario terminar de vender su primer disco homónimo en el cual se presentan cinco temas cuyos nombres sacan más de una sonrisa o un gesto de desaprobación.

El día que vomité el cerebro”, “Cuando lo cotidiano se vuelve siniestro” o “La chinita” son parte del repertorio que estos chiquillos presentan en este disco que esta a la venta vía mail a la siguiente dirección: cazueladecondor@gmail.com, en este lugar, querido lector, podrás mantenerte informado de todo lo que ocurre entorno a esta agrupación; también puedes escuchar algunos temas en formato mp3 en www.purevolume.com/cazueladecondor. Además, pronto podremos visitar su sitio Web http://www.cazueladecondor.cl/, en donde podrás ver una nutrida galería de fotos pelacables, textos desquiciados escritos por los mismos integrantes de la banda y muchas otras sorpresas más que de cierta manera están destinadas para que los que en algún momento se atrevan a comerse esta cazuela no sufran una indigestión, sino una hermosa visión a través de un viaje lleno de locura por una casa de la risa que no deja que salgas jamás.
Marmaduque Díaz

Como cuento...

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